El problema: la operación vivía en diez lugares
Una software factory atiende a varios clientes a la vez, y cada uno trae su canal: WhatsApp, correo, llamadas, reuniones semanales. Los pedidos llegaban por audio, las decisiones quedaban en la memoria de quien estuvo en la reunión, los cobros se seguían en planillas y las propuestas se mandaban como PDF sin saber si alguien las abría.
El costo no era solo tiempo. Era contexto perdido: un cliente que pregunta por segunda vez lo mismo, un compromiso que nadie anotó, un pago que no se concilió. Decidimos construir el sistema que nos faltaba y usarlo nosotros primero.

















